El Cairo.
por Anxo Rial el 27/Junio/2010. Clasificado en Fotos, Viajes
Hace un calor de mil demonios cuando llego al Cairo. Demasiado calor para mi gusto, lo intento, pero hay algo dentro de mi cerebro que me impide estar a pleno rendimiento cuando hace tanto calor, como se dice ahora, no estoy operativo. De reojo veo uno de los termómetros callejeros que hay en este lugar, los 50º están al caer y yo también sin no encuentro rápidamente una sombra y algo de beber.
Poco a poco mi organismo se va adaptando a semejante calor, no me queda más remedio que acostúmbrame al polvo y el sol si quiero disfrutar de este lugar tan especial. En el Cairo todo es diferente, dicen los que visitan el lugar que, o te encanta o terminas por odiar esta ciudad y todo lo que hay en ella, bueno yo vengo con las mejores intenciones. El bullicio se respira en cada esquina, aquí hay casi veinticinco millones de habitantes, es la ciudad mas grande de África y se nota, no es precisamente una urbe silenciosa, todo el mundo que tiene coche hace sonar el claxon, avisando de su presencia, el trafico es un caos cósmico. Aquí todo se negocia, el regateo forma parte de la cultura nacional, no hacerlo es casi un insulto, no existe el tiempo tal y como nosotros lo conocemos y hay que tomarse con calma esas costumbres para no desentonar, así que me empleo a fondo en el arte del regateo con el taxista que me llevara a las pirámides, intento hacelo bien para no ser la comidilla entre sus colegas, como otro turista engañado inocentemente, se que no consigo el mejor precio, pero no doy mi brazo a torcer tan fácilmente.
Una vez en el desierto tengo que tomarme mi tiempo para trasladar las imágenes que siempre he visto en los libros y los documentales a la realidad. Estar aquí justo al lado de la Esfinge y delante de las pirámides es un momento especial, estas montañas de bloques gigantescos construidas por el hombre, hace más de 4.500 años siguen siendo únicas, irrepetibles y misteriosas, por eso son una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Mi tranquilidad y ensismamiento con el lugar dura poco, unos simpáticos personajes me invitan a recorrer los alrededores de las pirámides a lomos de sus camellos. Paso cortésmente de su invitación, pues lo que me cuentan las malas lenguas es que estos agradables beduinos llevan al incauto turista hasta las arenas ardientes para pedirle luego más dinero de lo acordado, la condición es pagar más o retornar andando al lugar de partida, una opción nada agradable bajo el implacable sol del desierto. Bueno, son las triquiñuelas de la necesidad. Tampoco me atrae la idea de visitar el interior de la única pirámide que permanece abierta al público, la larga cola de turistas y el sofocante calor de su interior merman mi entusiasmo, así que decido retornar a mi hotel y descansar antes de visitar el Museo de El Cairo. Desde 1863 el Museo ofrece todo un sin fin de antigüedades del mundo Egipcio, nada menos que cincuenta siglos están aqui representados. El museo es un poco caótico, bueno como el carácter de los egipcios, miles de piezas de incalculable valor histórico pululan por todas partes, de cualquier parte puede salir una momia, solo falta la arena del desierto en el suelo y unos cuantos escorpiones para dar más autenticidad al lugar. La sala mas visitada del museo, la Galería de Tutankamón es una autentica maravilla, es para reflexionar sobre lo poco que conocemos de esta antigua civilización. Aquí todo es un misterio si resolver y los interrogantes y las caras de asombro son la tonica entre los que estamos aquí.
Nueva jornada en el Cairo, y de nuevo regateo con el taxista para visitar el barrio Copto, estos aparecen como los primeros cristianos del siglo IV, el barrio se encuentra en la parte mas antigua de la ciudad, de calles estrechas, esquinas misteriosas y munumentos como la iglesia colgante. Ante mi van pasando los días, ya no recuerdo que el calor sea molesto, he traspasado el umbral de la incomodidad a sentirme cómodo ante tanta curiosidad, el Cairo me gusta. Poco a poco se van grabando en mi memoria el rostro de los vivos que habitan en las casas de los muertos, sus hogares estan en el interior de las necrópolis del Cementerio Norte, las mezquitas del Sultan Hassan o la de Mohamed Ali, contruida en alabastro como una copia de Santa Sofia en Estanbul, el bullicio agobiante del mercado de Jan al Jalili o el olor de la calle de las especies, todo eso es el Cairo. Solo me falta algo fundamental al visitar Egipto, ese paseo por el Nilo, el río que marca la vida en este lugar y hacerlo en Felucca, esa embarcación tradicional a vela. En el Nilo esta la esencia de este lugar, aquí nace la tranquilidad perdida en el corazón bullicioso del Cairo. El atardecer es rojo, intenso y relajante, un presagio de otro caluroso día, pero eso sucederá mañana, muy lejos todavía en mis planes.
Anxo Rial.



