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Ni Un Castillo en Pie.

por Anxo Rial el 26/Junio/2010. Clasificado en Fotos, Viajes

Estoy aquí, sentado contemplando las piedras cubiertas de musgo, viendo las ruinas de lo que en otros tiempos fue un castillo, intentado imaginar cuales serian las furias que consiguieron que la magnifica arquitectura de esta construcción sea hoy un amasijo de piedras, un puzle de piezas talladas por el tiempo.

Aquí en Galicia, en las lejanas épocas del medievo una revuelta perfectamente organizada, asaltó y derribo la mayoría de las fortalezas que poblaban el país. Una revuelta que de alguna forma, quería demostrar el descontento del pueblo hacia los abusos que la clase pudiente prodigaba a sus vasallos. Los motivos, bueno, tal vez la prepotencia de saberse un amo y los duros años de epidemias y malas cosechas, que obligo a los nobles a exigir más rentas a una población hambrienta y ya por entonces muy necesitada. Salían de sus castillos, arrasaban con los graneros llevándose las cosechas a sus moradas, violaban a las mujeres y ahorcaban a los hombres. En el año 1431, en tierras del señor Andrade, puede decirse que germinaba la primera semilla de lo que serian los Irmandiños, en parte como respuesta a los rudos y crueles modos del caballero Andrade hacia sus subordinados, a los que maltrataba de forma considerable.

La revuelta destruyo el castillo de los Andrade y comenzó a extenderse el malestar por el norte de Galicia, desde Pontedeume a Mondoñedo, pero eso solo era el principio de una gran revolución, posiblemente la mayor sublevación de todo el siglo XV en Europa. Fue ese sentimiento de agravio continuado el que motivo el levantamiento y la destrucción de los refugios de los nobles, los castillos. A principios de 1467 la hermandad estaba ya perfectamente organizada y estructurada, en la primavera de ese año llego la revuelta general contra el acoso señorial. Se cifraron en ochenta mil hombres, los que comenzaron a recorrer las comarcas armados con trabucos, bombardas y todo tipo de armas, con la intención de poner fin a las fortalezas de los nobles. Pero no penséis que los Irmandiños eran solo campesinos armados con instrumentos agrícolas, en la organización había personas relevantes, caballeros e hidalgos, contaban con armeros, experiencia militar y claro, respaldados por intereses políticos. Imparables en sus objetivos, el 25 de abril 1467 y con la sorpresa como su baza principal, atacaron y arrasaron el Castillo Ramilo en los aledaños de Ourense, a la victoria del ataque hay que unir la falta de apoyo por parte de los vasallos del castillo a sus propios amos, que hicieron la vista gorda ante el asedio, facilitando bastante las cosas a los Irmandiños.Los nobles, viendo la magnitud y el poder de la hermandad, algunos decidieron abandonar Galicia, buscando refugio en tierras de Castilla o Portugal, otros fueron interceptados en su huida por las fuerzas de la Condesa de Ribadavia y encarcelados durante años. En poco tiempo los Irmandiños arrasaron con 169 fortalezas, sin contar las que se le entregaron voluntariamente.

Pero como la condición humana es destructiva, en 1469 comenzaron las diferencias entre los diferentes dirigentes de la hermandad, debilitando la unión y acentuando la confrontación entre ellos. Además dos acontecimientos marcaron el principio del fin, la muerte del infante Alfonso y la reconciliación de Henrique IV con la nobleza opositora, traicionando a la comunidad Irmandiña, a la que le había dado su apoyo hasta ese momento. Esta situación de incertidumbre y desconcierto acentúo la preparación del retorno de los nobles exiliados a sus antiguas tierras, buscando apoyos en Portugal. En ese mismo año, a comienzos de verano un ejército de lanceros traspaso las fronteras de Portugal y en una cruel batalla derrotaba a diez mil Irmandiños, en Julio la ciudad de Santiago de Compostela se vio obligada a abrir las puertas al arzobispo. Poco a poco, los nobles retornaron de nuevo a Galicia, a sus posesiones y todo el sueño Irmandiño fue diluyéndose en el tiempo, en parte gracias al apoyo de los Reyes Católicos que querían pacificar el Reino de Galicia, para claro está, sus propios intereses. Ahora, con el paso del tiempo, los esqueletos de los castillos hablan de esas batallas, de las luchas por los dominios y deberíamos reflexionar al contemplarlos, pues todo apunta a que esta sociedad tal vez debiera ir irremediablemente hacia una nueva revuelta Irmandiña, lo estamos pidiendo a gritos.

Anxo Rial.


1 Comentario a este artículo

  • Angelonero

    Meu amigo: que bueno es bucear en nuestra historia, en los tiempos remotos en los que la insurrección corría como las llamas por nuestras tierras, y recordar que no siempre fuimos un país de vasallos, que solo sale a la calle a festejar las victorias deportivas o a manifestaciones estériles en determinadas fechas que no molestan, en lo más mínimo, al poder establecido. Si, maestro, ahora más que nunca deberíamos revindicar a los Irmandiños, y seguir su ejemplo para llamar a la insumisión a este sistema caduco e injusto, para volver a creer en la utopía de otro mundo posible. Todavía no se cual es el modelo más justo, pero este seguro que no. Ahora los castillos donde se atrincheraba la nobleza son los bancos, las grandes corporaciones, los organismos internacionales que deciden otra vuelta de tuerca para nuestras maltrechas economías. Quizá la revolución, finalmente, no sea televisada, y cada uno tenga que poner su granito de arena para construir su pequeña barricada desde la que enfrentarse al pensamiento único. Que no quede ni un castillo en pie, tampoco dentro de nuestras conciencias dormidas… pd.- ¿Qué puedo decir de esa colección fantástica de imágenes? Pues eso, que son realmente fan-tás-ti-cas. Un abrazo, maestro.

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