El Bosque.
por Anxo Rial el 02/Abril/2010. Clasificado en Fotos, Montaña
Me adentro en el hayedo a través del pequeño puente de madera que cruza el río, tras mis pasos el desfiladero y los prados verdes, me doy la vuelta para echar un último vistazo. Ante mí, las pequeñas y artesanales traviesas de madera tapizan el suelo del puente, que me permiten adentrarme en la magia del bosque.

Puente de Madera.
Es tarde ya, el día esta dando sus últimos suspiros, a pesar de que es primavera y los días han crecido, hoy el tiempo no acompaña, al rato sale el sol o nieva de forma precipitada, el invierno mantiene una batalla por ceder el paso al la nueva estación. El cielo se ha vuelto a cubrir y aquí, a un paso de la espesura del bosque, la luz ya no es muy abundante. No me importa, conozco el lugar y se que al final del hayedo, me espera el angosto desfiladero y el espectacular salto de agua. Este bosque es uno de los mejor conservados del territorio nacional, El Hayedo de Ciñera, se ha llevado un premio al “Bosque mejor Cuidado”, todo un merito con los tiempos que corren y con la amenaza de instalar las torretas para un gran tendido eléctrico justo en este lugar. Bueno, lo de siempre las sinrazones, el dinero y la política.
De momento me olvido de todo eso y me dispongo a disfrutar. Nada mas cruzar el puente, las hadas del “faedo” hacen que me olvide de que el mundo precipitado y moderno esta al otro lado, no existe el ruido y solo el murmullo del agua marca el compás de los sonidos. La senda acompaña a este pequeño caudal de agua, las hayas cada vez son mas grandes y retorcidas, casi atormentadas, estas se pierden a través de la ladera, escalando la pendiente. De pronto ante mi, uno de los ejemplares mas grandes del bosque, 500 años contemplan a este ejemplar de haya. Me siento un rato a contemplar semejante portento de árbol, todo su tronco esta cubierto de musgo, como amigos inseparables. Me imagino cuantas historias en el bosque habrá contemplado este haya gigante, impasible, sólo sobreviviendo, viendo la vida pasar.
Vuelvo a la realidad con la caída de los primeros copos de nieve, está comenzando a nevar dentro del bosque, haciéndolo todavía mas bonito y misterioso. Me pongo en marcha, debo apresurarme si quiero llegar a la cascada y regresar antes de que anochezca. Por fin estoy aquí, en el salto de agua, muy diferente a la última vez que visite el lugar, ahora y después de este largo y húmedo invierno, todo rebosa humedad. El desfiladero comprime esta gran cantidad de agua, la estruja, la empuja contra las estrechas paredes calizas hasta dar forma un gran rugido. No puedo continuar, todo esta mojado y peligroso, el camino gana altura, nieva más todavía y todo resbala. Tengo que retroceder por el camino andado pues la verdad no me hace mucha ilusión caerme a este río helado, embravecido y casi enfadado.
De nuevo estoy en el interior de hayedo, las cosas han cambiado, la falta de luz difumina el bosque, las ramas retorcidas y torturadas de los árboles ponen en marcha la maquinaria, esa que todos llevamos dentro y que nos retrotraen a historias de la niñez, a las fabulas de boques misteriosos y personajes que en ellos habitan. Se que no hay peligro, el bosque me protege, pero seria fácil dejarse llevar por las sombras, los sonidos y esa sensación de que algo controla nuestros pasos, nos vigila y siempre se esconde a tiempo cuado echamos una rápida visual sobre lo andado. Bueno, de nuevo ante el puente de madera, al otro lado los prados a mi espalda el bosque, sin detenerme miro de reojo la oscuridad de las hayas, las sombras del bosque, las hadas buenas me saludan. Es de noche, mejor apresurar el paso.
Anxo Rial



Abril 6th, 2010 on 11:16
un dia me gustaria estar de pie en este puente, y mi frente bajo las humedas ramas de los viejos arboles…
Abril 12th, 2010 on 17:22
Querido maestro: han pasado ya muchas lunas y muchos soles desde que no caminamos un bosque juntos, compartiendo la magia de esos trocitos del paraíso que aún están al abrigo de la amenaza del hombre, y que aún nos están esperando nuestras huellas, para que busquen abrigo entre la hojarasca. Mis pasos son ahora vacilantes, como los de un anciano, y me veo obligado a caminar por los bosques con los ojos cerrados, reteniendo las imágenes y las palabras con las que, una vez más, me descubres esos fragmentos de los territorios que poblaron mis cuentos infantiles. Gracias por seguir compartiendo sus senderos, amigo.
Mayo 17th, 2010 on 1:45
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Christian, watch south park online