Nueva Zelanda (II)
por Anxo Rial el 26/Marzo/2010. Clasificado en Fotos, Viajes
Es de noche cuando diviso las primeras luces de Picton, el primer lugar de tierra firme de la Isla Sur. Es probable que los neozelandeses Split Enz se inspiraran en una travesía a través del estrecho de Cook para hacer su canción “six months in a leaky boat”. Cruzar el estrecho no lleva más de unas cuantas horas en el ferry, pero a mí me parecieron meses de agitada travesía. No soy un lobo de mar.
Por fin tierra firme, no veo nada entre tanta oscuridad, pero hay miles de estrellas sobre mi cabeza, seguro que mañana hará un buen día. Despierto entre un campo de viñedos, en la región de Nelson, el día de momento amanece estupendo, pero en el horizonte unas nubes amenazantes y negras indican que no estamos en verano, aquí en Nueva Zelanda es septiembre, por lo tanto, finales de invierno en esta parte del mundo, puede llover o nevar en cualquier momento. Después de tomar una estupendo desayuno a base de un aguado cafe y unas enormes muffis, me pongo rumbo a la costa, mi próximo destino son las increíbles playas del Abel Tasman National Park. Aquí el paseo que recorre el bosque es de los más apreciados del país, pero dentro de parque hay muchas más alternativas para el ocio. A pesar de ser un centro con muchas visitas, todo esta increiblemente limpio y cuidado.
A medida que voy devorando kilómetros me doy cuenta que estaba equivocado pensando que la isla norte era espectacular. Esto es mucho más bonito !!. La diversidad de paisajes es abrumadora y es dificil para mi no detenerme en cada recodo de la carretera. En poca distancia paso de playas salvajes a ensenadas cubiertas de bosques tropicales, combino lagos de todos los tamaños a tramos de costa abrupta y bravía y cómo telón de fondo las cumbres nevadas de los Alpes Meridionales. Cuando llego a Punakaiki una suave lluvia me acompaña, la nube negra me a localizado y me persigue, espero que se aburra de este pobre extranjero y se dedique a mojar objetivos más interesantes. Aquí en Dolomite Point, la naturaleza ha trabajado miles de años para dar forma a unos acantilados calizos de extrañas proporciones. Cuando sube la marea, las cuevas subterráneas se convierten en respiraderos que expulsan en agua del mar a gran presión, por un momento y ante el espectaculo me imagino grandes ballenas pétreas respirando al unisono. Toda esta parte de la costa, con el Mar de Tasmania como telón de fondo es muy agreste, las playas están llenas de enormes troncos clavados en la arena por la fuerza de las olas, es dificil plantearse un baño aquí, el mar asusta y me hace sentir insignificante ante tanto poder. El día, entre tantas emociones, paso volando, por otra parte suele ocurrir este curioso fenomeno cuando uno esta de vacaciones. Como la carretera va literalmente pegada a costa, aparco la camper al borde de la playa, en el primer lugar habilitado para ello, sin peligro, se que en este país nadie me va a molestar, circular en autocarabana en Nueva Zelanda es como tener una Harley en estados unidos, todo un culto a una forma de vida. Preparo la cena y me voy a dormir.
Despierto con un escalofrio, ha nevado durante la noche, a mi espalda tengo las cumbres nevadas de los Alpes, frente a mí, la playa completamente llena de nieve y las olas con su vaivén levantan vapor de esa fusión de temperaturas, el sol da la pincelada que falta al espectaculo y difícilmente se puede contemplar algo más maravilloso a estas horas de la mañana. Me levanto eléctrico, como un niño, dispuesto a hacer miles de fotos, a capturarlo todo en mi retina. Desde la playa, la carretera serpentea entre lagos de diferentes tamaños, bosques y playas desiertas, un zig-zag constante de paisajes cambiantes, diferentes, así hasta llegar a uno de los asentamietos humanos más turísticos de esta zona de la costa, el pueblo de Fox.
Desde este punto y en un corto paseo me pongo a los pies del glaciar Franz Josef, casi se puede oler el mar desde los pies del glaciar, lo que resulta inaudito para un europeo, en la vieja europa, los glaciares suelen estar adentrados en lo más profundo de las montañas. Desde el pueblo de Fox organizan excursiones a la base del monte Cook o te llevan en avioneta al glaciar superior, en lo que ellos llaman “vuelos escénicos”, todo fácil, sin complicaciones, al servicio del viajero. La carrera abandona la costa, comineza a ganar altura hasta cruzar el Haast Pass, para llegar al Lago Wanaka. Después de comer al lado del lago y tomar un respiro, la estrecha carretera va encadenando lago tras lago, cada cual más espectacular que el anterior, como si compitiesen entre ellos por la belleza. Las cumbres nevadas y el intenso azul del cielo se reflejan en el agua turquesa, es difícil describir el espectáculo sin perderse en emociones, mejor será plasmarlo en una foto y el resto dejarlo a la imaginación. Atardece cuando llego a la ciudad de Queenstown y me siento un poco triste, otro dia se me escapa y cuando uno se encuentra en estos lugares, la verdad, seria deseable que algún dios superior alargase las jornadas al doble, como minimo. Esta pequeña localidad de casas bajitas llamada Queenstown es la capital de la aventura de Nueva Zelanda, desde la década de los 70, ha ido evolucionando para convertirse en centro turístico internacional, todo lo imaginable en el mudo de la aventura esta aquí, rafting, bici de montaña, sky, puenting, escalada, ala delta, parapente…solo hay que elegir, pero también, si no te va el deporte, puedes tomarte un estupendo cappuccino en una de las terrazas con vistas al lago Wakatipu o recorrer las muchas tiendas que hay en el pueblo. De momento me quedo disfrutando del cappuccino, aquí los preparan como en ningún otro lugar del planeta y esperare a mañana para elegir mi deporte.
Anxo Rial





Marzo 30th, 2010 on 9:15
Ojala pueda ver algun dia ese sitio tan espectacular y ojala sepa describirlo tal como tu lo haces!
Abril 8th, 2010 on 14:21
Querido maestro: han pasado ya muchas lunas y muchos soles desde que no caminamos un bosque juntos, compartiendo la magia de esos trocitos del paraíso que aún están al abrigo de la amenaza del hombre, y que aún nos están esperando nuestras huellas, para que busquen abrigo entre la hojarasca. Mis pasos son ahora vacilantes, como los de un anciano, y me veo obligado a caminar por los bosques con los ojos cerrados, reteniendo las imágenes y las palabras con las que, una vez más, me descubres esos fragmentos de los territorios que poblaron mis cuentos infantiles. Gracias por seguir compartiendo sus senderos, amigo.