Nueva Zelanda (I)
por Anxo Rial el 19/Marzo/2010. Clasificado en Fotos, Viajes
Cuando el avión hace tierra, ya me había olvidado de que esta existía, después de 26 horas de vuelo, el mundo se reduce a una cabina de avión, unas cuantas guapas azafatas, gente nerviosa, niños llorando y nubes que impiden ver lo lejos que estoy de nuestro medio natural.
Pero afortunadamente ya estoy en el aeropuerto de Auckland, Nueva Zelanda. Un aeródromo pequeño, acogedor y moderno. En el exterior me aguarda la que será mi casa en las próximas semanas, una enorme autocarabana, con el volante a la derecha, empezamos bien. Me dicen que es normal, aquí conducen como los británicos, por la derecha, esto se pone interesante. Tengo que conducir concentrado, las marchas entran con la izquierda y las rotondas tienden a hacerme la vida imposible, pero los neozelandeses son extremadamente amables al volante y lo perdonan casi todo, nadie me atosica con el claxón. Auckland es un lugar ideal para disfrutar de la vida urbana, la gente conbina sus horarios comerciales con el deporte y el ocio, es una ciudad comoda y abierta al mar, como Vigo, pero sin edificios que impidan ver el mar, no sé si pilláis la ironía.
Bueno, resumiendo, Auckland es una maravilla, así que lo mejor es dar una vuelta por el centro y ver como es esta ciudad desde el interior. Uno de cada tres neozelandeses vive en esta urbe o en sus aledaños y la verdad no me extraña, yo también lo haría. La mezcla de habitantes europeos, maoríes, polinesios y asiáticos, dan a la ciudad una diversidad cultural y cosmopolita que ya quisieran para sí muchas ciudades europeas. Ya que estoy en el kilometro “0” lo mejor es subir a los 328 metros de la Sky Tower, desde su restaurante giratorio las vistas son espectaculares y este punto de vista no tiene competencia en toda la ciudad. Disfruto de un café, mientras la mirada se pierde en el horizonte, entre colinas verdes, casitas de madera y veleros, hay muchos. Auckland tiene la reputación de ser la ciudad con el mayor número de barcos de recreo del mundo.
Pierdo todo el día entre las calles de esta tranquila ciudad y me doy cuenta que es una buena manera de “malgastar” mi tiempo. Después de una cena en uno de los muchos restaurantes italianos y con el tráfico más calmado, me echo de nuevo a la carretera con este mounstro de cuatro ruedas, poco a poco lo voy dominando. De momento me dirijo hacia las grandes llanuras verdes de la isla norte siguiendo la nacional 5, aqui las carreteras son estrechas, normalmente sin arcén y si algún dia existio, este fue devorado por el verde del musgo. Mi próximo destino es Rotorua, la ciudad maorí por excelencia, pero eso lo veré mañana.
Despierto a las orillas del Lago Rotorua, la bruma se evapora con los primeros rayos de sol. No doy crédito al espectáculo, esto es increíblemente bonito. Pero lo más reconfortante es que nadie presiona al viajero, la tranquilidad es absoluta, casi irreal para mí, un turista europeo. En Europa, casi siempre tenemos prisa para todo, todo lo contrario de Nueva Zelanda, donde todo es equilibrado y pausado. Rotorua es el centro termal de la isla norte y uno de los destinos turísticos más populares. Aquí hay todo tipo de piscinas, aguas minerales y tratamientos para los amantes de los balnearios. No me voy sin visitar Waiotapu Thermal Wonderlandl la más famosa es la humeante piscina champan, pero esta es una tierra de geisers, ciénagas de hirviente lodo y pozos de ácidos donde es mejor no caerse.
Continúo mi recorrido extasiado por el paisaje, la diversidad de contrastes y maldiciendo entre dientes el lugar donde vivo todos los días, bueno, mis pensamientos van dirigidos a los pésimos políticos que nos gobiernan, por no hacer de la maravillosa ría de Vigo un “Auckland a la Gallega”. Taupo es uno de los Lagos más grandes de Nueva Zelanda, enorme como un mar interior, donde no es posible distinguir sus orillas. Aquí, paseando al borde del agua una bandada de patos se acerca volando hasta donde yo estoy, sin temor me rodean y al poco rato, reeprenden de nuevo el vuelo. En la misma dirección de mi viaje encuentro el Tongariro National Park. Una vez aquí lo mejor es siempre visitar el centro de información, -en cada rincón del país hay uno-, éstos son auténticos salones enmoquetados, el de Tongariro tiene todo tipo de información sobre los senderos que permiten ver de cerca los volcanes o cualquier rincón del parque, exposiciones, lugares para el ocio o viajes expres para los más despistados. Tomando como referencia el Mar de Tasmania, voy recorriendo la isla, bajando hacia la localidad de Wellington. Colinas onduladas, prados tapizados de verde, montañas, granjas aisladas, ovejas, caballos y pequeñas poblaciones son las señas de esta parte del país, un paisaje cambiante con cada curva de la carretera.
Wellington es la capital de Nueva Zelanda y el extremo sur de la isla norte, aquí llegaron los colonos europeos a mediados del siglo XIX y hasta ese momento gigantes árboles milenarios cubrían estas tierras. Entre las décadas de 1870 y 1910, toda la zona se convirtió en la base del mayor proyecto de deforestación de país. Hoy, el paisaje es bien distinto, las casas de madera pueblan las laderas que caen al mar y la ciudad resulta tranquila y encantadora. Desde la colina donde se encuentra el jardín botánico, asentado en un antiguo cementerio, hay unas excelentes vistas de la ciudad y entre sus curiosos edificios esta la construcción de madera más grande del hemisferio sur, un inmueble llamado Old Government Buildings, hoy universidad de derecho. La verdad me cuesta creer que este edificio sea todo de madera, lo tengo que tocar para cerciorarme de que es así. Sin duda una verdadera obra de arte.
Llega el momento de continuar mi viaje, ahora en barco, el ferry me cruzara por el embravecido Estrecho de Cook a la otra pare de este país, la Isla Sur, así que nos vemos en el otro lado.
Anxo Rial.





Marzo 19th, 2010 on 22:27
Tal y como lo describes parece un paraiso! Me quiero ir ahi!!!
Marzo 20th, 2010 on 11:01
i słyszę szum miliarda gwiazd naraz.
w sklepieniu podziemnego nieba
stygnie wyrzeźbiona biel stalagmitu.
co ja właściwie tu robię. nie wiem.
nie jestem grotołazem ani turystką.
nie rozumiem przecież dźwięcznej mowy maorysów.
codziennie zjadam owoce myśląc o przeszłych nielotach.
z ich omszałych kości biorą swój początek małe krzewy kiwi.
wchodzę w mrok jaskini zakrzepłych świtów i nocy
podziwiam przebiegłość gwiazd wchłaniających
swe ofiary. to światło takie białe.
tężeje jak niegdyś krew w nielotach.
mówią, że tak świecą ogniki świętojańskie.
u nas w noc czerwcową wianki wrzucają do wisły.
tam maoryski palcami wydłubują z ciemności
ogniste kropki fosforu i rtęci. ruchome świetliki…
y ahora estoy un poquito celosa por tus viajes, y
y sigue esperando por un artículo mas
chcieliśmy paść tylko owce. przemawiać i śpiewać.
drewnianą fujarką zwoływać wszystkie zagubione echa
w jaskiniach w growworm i arani gdzie tubylcy
strzegą tajemnic wędrujących kamieni i starych zaklęć
Marzo 20th, 2010 on 16:03
Nueva Zelanda, durante los cinco minutos que lei este trocito de tu viaje, fui capaz de trasladarme con la imaginación, a ese pais.Disfrutando desde la aventura de la autocaraba con el volante del lado derecho, a hasta ese café, creo que me quedaria como una bobita viendo cada trocito de paisaje y asombrandome por los detalles mas pequeñitos, de esa ventana del restaurante giratorio.Creo que al llegar a ese centro termal Roturua, mis trastadas y mi culo inquieto me llevarian a jugarmela en alguna de esas pozas de acidos donde tu dices que es mejor no caerse.Espero ansiosa la siguiente parte de este viaje ahora en ferry,y poder seguir viajando con la imaginación.